viernes, 28 de febrero de 2014

LA LUCHA CONTRA LAS ARMAS QUÍMICAS DESDE EL ÁMBITO ACADÉMICO



Una docente e investigadora rosarina, Alejandra Suárez, representa al país en la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPAC), ganadora del premio Nobel de la Paz. Nos cuenta cómo es la situación de las armas químicas en el mundo y el trabajo desde la educación para que la química esté al servicio de la humanidad.

Alejandra Suárez, docente universitaria e investigadora del CONICET.

Entrevista realizada por María Laura Morales y Mariana Mei en Radio Cadena Eco ¨La mirada especialista¨.



Las armas químicas no sólo aparecen en las películas de ciencia ficción o en los discursos de los mandatarios. Son una realidad por la cual la docente e investigadora rosarina Alejandra Suárez, trabaja día a día. Ella representa al país en la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPAQ), organización distinguida por el premio Nobel de la Paz, que inició sus trabajos 1997. Si bien es relativamente pequeña, participan de la OPAQ entre 400 y 500 personas y es reconocida en ámbitos internacionales.

Al respecto, Suárez afirma: “ha venido desarrollando una labor sostenida para tratar de eliminar las armas químicas de la faz de la tierra. Debido a esa labor se la ha reconocido”.

La OPAQ  se encarga de la adhesión de la convención que prohíbe el desarrollo de las armas químicas. “La organización tiene un gran interés en lograr la universalidad de este tratado. Desde el inicio de la convención al día de hoy se han adherido 197 países. Sólo quedan seis que no han firmado. El objetivo es lograr la ansiada universalidad de la convención”, describe la investigadora rosarina. Los firmantes del tratado se comprometen a no producir, desarrollar, transportar ni utilizar armas químicas. Asimismo, no pueden tenerlas almacenadas y obliga a los países que las tienen a destruirlas.

Nuestro país es libre de armas químicas al igual que toda la región pero, de todas maneras, es importante la adhesión a la convención. “Argentina siempre ha tenido un uso pacífico de las sustancias químicas. Las sustancias químicas no son ni buenas ni malas. Lo importante es el uso que se les da”, destaca la docente de la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas de la Universidad Nacional de Rosario (UNR).

Su formación y vocación encaminaron la carrera de Suárez: “Estudié ciencias químicas por una gran vocación en la Universidad Nacional de Córdoba. Tuve la posibilidad de hacer una investigación por la cual conocí de cerca la investigación científica de nuestro país con un buen nivel en el área de la química, lo que me permitió a través del CONICET obtener una beca para el doctorado que también cursé en la Universidad Nacional de Córdoba”. Luego, se perfeccionó en el exterior y a su regreso comenzó su trabajo como docente e investigadora científica en un instituto del CONICET.

Destaca la formación profesional en la no utilización de sustancias químicas tóxicas para fines bélicos y la necesidad de potenciar el uso responsable, ético y pacífico del conocimiento. “Ser investigadora y docente me permite trabajar como asesora en el comité de la organización pero también llevar adelante diferentes proyectos en actividades innovadoras para el uso responsable de la química”, temas que considera prioridad para que esta especialidad esté al servicio de la humanidad.

El año pasado, el uso de estas armas conmovió al mundo entero. El 21 de agosto de 2013 unos 1.500 civiles, entre ellos 300 niños, murieron víctimas del gas sarín. Suárez cuenta que le ha tocado ver la situación más de cerca y tener detalles sobre la muerte por armas químicas: “Es una muerte tortuosa, son decesos por asfixia. Argentina siempre participó de la convención y es uno de los país libres que apuntan a concientizar desde la educación”.

La docente interviene también en convenciones  internacionales: “Nuestro Comité en el área de la química tiene un excelente nivel, los profesionales argentinos y sus trabajos son muy valorados en el exterior. Me siento muy orgullosa de pertenecer a este grupo de investigación con académicos de mi país”, declara.


Entrevista realizada por María Laura Morales y Mariana Mei en Radio Cadena Eco ¨La mirada especialista¨.

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sábado, 22 de febrero de 2014

Entrevista al biólogo Alberto Kornblith:¨ La ciencia argentina vive su mejor momento¨


Así lo siente el biólogo molecular y divulgador Alberto Kornblith. Considerado “el Messi de la ciencia”, recientemente recibió el Premio Konex de Brillante como la figura más destacada de la década en las Ciencias y Tecnologías de la Argentina, distinción que compartió con el científico Juan Martín Maldacena. En esta nota que MI Club Tecnológico acerca a sus lectores, Kornblith habla de su trabajo como docente, su nuevo libro y la clonación, entre otras cuestiones.
Por María Laura Morales y Mariana Mei


Kornblihtt-laboAlberto Kornblith no es una cara famosa ni, como se denomina hace algunos años, una figura mediática. Sin embargo, en el ámbito académico es reconocido como una gran personalidad de la ciencia argentina. Es Doctor en Ciencias Químicas y Licenciado en Ciencias Biológicas, se desempeña como investigador del CONICET y es docente universitario en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires.

Dar a conocer la ciencia es uno de los propósitos en la carrera de este científico, ya que está convencido de que la ciencia debe ser difundida y explicada para que sirva a la sociedad. De eso se trata, justamente, su nuevo libro La humanidad del Genoma. ADN, política y sociedad.

En con la conducción de María Laura Morales y Mariana Mei), Kornblith explicó que “había escrito una serie de artículos de divulgación que explican la relación de la biología, la genética y la sociedad y una editorial me ofreció hacer un libro para la colección Ciencia que ladra. La obra es una colección de artículos que desmitifican lo que la mayor parte de la gente cree sobre el inmenso poder de los genes”, relata el científico.

“Si bien los genes son muy importantes en los seres humanos, la cultura y la sociedad tienen que ver  mucho con las características que tienen los seres humanos”, consideró el autor. El texto aborda la genética, la no existencia de razas, la clonación y los alimentos genéticamente modificados. Según afirmó el científico, el libro ahonda en cuestiones que influyen en la biología pero también en nuestra cultura, sociedad y economía.

Otra de sus pasiones es la enseñanza. Sin embargo, las diferencias que existen entre la docencia y la escritura de un libro son muchas para él: “En el aula hay mucha adrenalina, me apasiona dar clases. Es fantástico cuando uno puede transmitir a través de una explicación conocimientos de biología y biología molecular. Particularmente cuando el alumno pasa de no entender a entender, cuando comprendió algo que era difícil de comprender”. Detalló: “En el momento de comprender, hay en el alumno una sonrisa muy particular que para el docente es reconfortante. En tanto, el libro es similar a un soliloquio porque en el momento en que uno entiende lo que lee está solo. Sin embargo, también es gratificante cuando se llega a explicar un concepto difícil”, definió el prestigioso biólogo.

Ante la pregunta sobre la clonación y sus posibles alcances, Kornblith explicó: “Lo que se llama clonación por transferencia nuclear se practica rutinariamente en animales. Consiste en tomar el óvulo destruirle su propio núcleo, una  estructura que tiene todas las células donde está el ADN y transferirle otro núcleo de un animal de una especie adulta. Esto se llama clonación por transferencia nuclear. Esa clonación no fue llevada a cabo en humanos porque los comités de ética de todo el mundo consideran que esa técnica no debe llevarse adelante. No hay necesidad de clonar humanos como técnica de fertilización asistida”. Además, aseguró que se conoce que esta técnica es biológicamente insegura: Un porcentaje no despreciable de óvulos a los cuales se le trasfieren un núcleo gestan embriones con malformaciones, lo que lo convierte en un obstáculo inmenso para pretender practicarlo en humanos.

No obstante, Kornblith aclaró: “Hay quienes se oponen a la clonación con algunas premisas que creo incorrectas como por ejemplo pensar que si se clonaran humanos los individuos que surgieran serían iguales. Esto no es así porque dos individuos que tienen los mismos genes no tienen que tener los mismos gustos, ni las mismas ideas ni destinos iguales porque la cultura  y la sociedad influyen en cada ser humano. Lo vemos con los gemelos. A pesar de la uniformidad de su ambiente y que pasaron nueve meses en el mismo útero, nacieron el mismo día e incluso, muchas veces, van a la misma escuela, no son iguales”. Agregó: “La fantasía de la fotocopia no es real. Eso sería decir que existe determinismo genético y no es así”.

Mirada de ciencia
Con respecto a su visión de la ciencia argentina hoy, el investigador postuló que la experiencia que tiene de haberse formado, haber realizado su tesis doctoral y toda su carrera científica en Argentina le hacen ver que la ciencia está viviendo su mejor momento. “Existe un programa de construcción de edificios bastante importante. La institución en la que trabajo está construyendo un lugar que va a albergar a mas de 200 personas. En ese sentido es fantástico pero, por supuesto, que creo que hay más cosas para hacer, por ejemplo, invertir más. Algunos sectores privados deberían invertir en ciencia y no solo dejar que lo haga el Estado”. Concluyó: “Considero que los sectores privados deberían apostar e invertir más en ciencia porque vale la pena”.

Acerca de la intuición en el ámbito de la ciencia, Kornblith sostuvo: “Muchas personas que no practican la ciencia piensan que el razonamiento es intuitivo. Es decir que la ciencia tiene que ver con aquel pensamiento que está basado en el sentido común. Pero no es así, lo fascinante de la investigación es que durante la investigación surgen nuevas hipótesis y hallazgos que no habían sido pensados antes. A esto me refiero cuando digo que la ciencia no es intuitiva. Muchos de los hallazgos científicos rompen preconcepciones e ideas previas basadas en lo que podríamos llamar la intuición”.

Kornblith intenta ser claro en cada una de sus palabras y sostiene que toma a la docencia universitaria como una militancia social, que también tiene que ver con sus convicciones políticas. Manifiesta que los científicos tienen el deber de ayudar a la sociedad a entender problemas vinculados a la ciencia y la tecnología. Echar luz a cuestiones relacionadas con la vida cotidiana y con las decisiones políticas. Una mirada que no se encierra en el laboratorio y que intenta ayudar en el entendimiento de algunos temas que le importan a la sociedad.




Publicada en www.miclubtecnologico.com.ar

viernes, 7 de febrero de 2014

Dónde caen los rayos?-Nota recomendada



Los mapas de rayos son una herramienta fundamental de prevención y planificación de cualquier nación. Si bien en nuestro país no siempre se les han dado la importancia que se merecen, actualmente se están realizando unos nuevos mapas que, a diferencia de los anteriores, están trazados a partir de datos recabados por una red mundial de estaciones meteorológicas.


rayos aperturaTener conocimiento acer­ca de cómo es el proceso de las descargas eléctricas atmosféricas así como de las zonas más propen­sas a la caída de rayos, permite el diseño óptimo de las medidas y sistemas de protección adecuados para seres vivos y bienes mate­riales. En este sentido, los mapas ceráunicos, es decir, aquellos mapas geográficos que determinan el nivel de caída de rayos, son una herramienta fundamental para la seguridad y la planificación de cualquier nación.
“Estos mapas deben tenerse en cuenta, por ejemplo, al diseñar una red de líneas de alta tensión, al instalar radares y antenas de comunicación”, explica la geofísica Gabriela Nicora, quien además es investigadora del CONICET en el CITEDEF (Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas para la Defensa, perteneciente al Ministerio de Defensa) y trabaja en la elaboración de nuevos mapas de rayos en el marco de su te­sis doctoral en la Universidad Nacional de La Plata.
Orígenes de una herra­mienta de prevención
Horacio Torres Sánchez, profesor titular de la Facultad de Ingeniería de la Universi­dad Nacional de Colombia, en un artí­culo titulado ¿Qué rayos sabemos?, se remonta a los orígenes de lo hoy conocemos como mapas ceráunicos. La historia comienza varios siglos an­tes de Cristo, en la cultura Caldea de Babilonia donde se desarrolló un sistema de predicción del clima que incluía el conteo de truenos. Posteriormente, en la Europa medieval se rescató esta práctica y se crearon, basándose en regis­tros históricos de truenos oídos, calendarios de truenos que fueron usados para hacer predicciones climáticas.
Muchos años más tarde, en 1873, el Comité Meteorológico Internacional adoptó una unidad que denominó “día con trueno oído” y hacia finales del siglo XIX se co­menzaron a elaborar mapas donde, mediante líneas isoceráunicas, se conectaban sitios en los cuales el primer trueno de una tormenta era oído.
Así, los primeros mapas se trazaron a partir de los datos de días tormentosos basados en observaciones humanas y permitieron la primera comparación cuantitativa de ocurrencia de tormentas en diferentes regiones y du­rante diversas épocas.
Mapas ceráunicos en la Argentina
Densidades ceraúnicas continentales de Argentina estimadas para el período climatológico 1971/1980 según los datos del Servicio Meteorológico Nacional. Fuente: Revista Ingeniería Eléctrica, abril 2006
Densidades ceraúnicas continentales de Argentina estimadas para el período climatológico
1971/1980 según los datos del Servicio Meteorológico Nacional.
Fuente: Revista Ingeniería Eléctrica, abril 2006
Los primeros mapas de rayos del territorio nacional fueron realizados y publicados en la década del 80. Uno de los responsables de su trazado fue el ingeniero electricista Juan Carlos Arcioni, quien comenta que “previamente, se habían hecho en la Universidad Nacional de La Plata unos mapas localizados que se extendían solo a la provincia de Buenos Aires, pero presentaban una serie de desconexiones y agu­jeros. Entonces, pensamos desde la empresa SEGBA S.A., donde yo trabajaba, que valía la pena que ese trabajo que se había hecho para la provincia de Buenos Aires se extendiera a todo el país”.
Así, los mapas fueron trazados a partir de la base de datos del Servicio Meteorológico Nacional (SMN). En aquel entonces, el SMN poseía más de 80 estaciones de medición repartidas por todo el territorio nacional, especialmente en los aeropuertos.
“En esas estaciones había un observador que cuando escuchaba un trueno hacía una marquita en un cuaderno -relata la geofísica Gabriela Nicora-, aún hoy este sigue siendo un método muy importante y se sigue usando para hacer estadísticas”.
El ingeniero Arcioni también destaca que “en ese momento las mediciones eran de un alcance de aproximadamente 10 mil metros. Y en las bases de datos había estadísticas de la década del 70 y del 80. Tenían toda la informa­ción meteorológica (temperatura, presión, vientos, lluvia y rayos) ma­ravillosamente bien estudiada y en base a eso se hicieron los primeros mapas, que fueron trazados todos a mano”.
De esta manera, Arcioni y su equipo trazaron en los mapas curvas de niveles isoceraúnicos anuales promedios y las densida­des ceraúnicas para los períodos 1971/80 y 1981/90.
¿Y qué paso luego? ¿Por qué se dejaron de hacer estos ma­pas? El ingeniero Jorge Giménez, jefe del Laboratorio de Ensayo de Seguridad Eléctrica de CITEDEF, comentó que “el problema fue que muchas estaciones meteorológicas fueron abandonadas durante la década de 1990”. Arcioni agregó además que “el SMN sólo llevaba un registro de los días con tormentas eléctricas, pero no se trazaban los mapas”.
Al respecto, el ingeniero Giménez aclaró que en Argentina no hubo ni hay “un plan nacional para trazar mapas ceraúnicos como tienen otros países” y citó el caso de Brasil y de Colombia, actualmente los dos países más avanzados en Sudamérica en la materia.
“Brasil posee la tercera red de detección de rayos más im­portante en el mundo y la primera para países tropicales. Además, cada dos años celebra un congreso internacional dedicado al problema del rayo. Colombia, por su parte, es un país que tiene una actividad ceraúnica muy intensa. Ellos tienen muy bien zonificadas las distintas regiones. Ambos países hicieron una inversión muy importante para la obtención de rayos a tierra, al igual que otras naciones como Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Italia y Suiza, donde históricamente y con conti­nuidad se realizaron los estudios más importantes. Nosotros, en cambio, empezamos con métodos más humildes”.
Nuevos mapas de rayos para el país
Luego de años de inactividad, los mapas ceraúnicos vuelven a ser una realidad para la Argentina. Actualmente, la geofísica Gabriela Nicora es la única persona en el país encargada de trazar nuevos mapas en el marco de su tesis doctoral en la Universidad Nacional de La Plata. Y lo hace a través de una tecnología no utilizada común­mente para esta tarea.
Mapas ceraúnicos estacionales trazados por la geofísica Gabriela Nicora. De izquiera a derecha, los mapas ceraúnicos de la Argentina correspondiente a las estaciones de primavera, verano, otoño e invierno
Mapas ceraúnicos estacionales
trazados por la geofísica Gabriela
Nicora. De izquiera a derecha,
los mapas ceraúnicos de la Argentina
correspondiente a las
estaciones de primavera, verano,
otoño e invierno
Para realizarlos, Nicora –quien es dirigida en su tesis por los investigadores Rodrigo Bürgesser y Edgardo Ávila de la Universidad Nacional de Córdoba– comenzó a relevar datos de la World Wide Lightning Location Network, una red de estaciones meteorológicas perteneciente a la Universidad de Washington que cuenta con más de 50 estaciones esparcidas por todo el mundo.
“Estas estaciones están formadas por una antena con un amplificador y un GPS, y pueden captar una onda de baja frecuencia”, comenta Nicora. “Cuando se genera un rayo, se libera e irradia al espacio mucha energía de amplio rango en el espectro electro­magnético. Y también se emite una onda muy larga, de baja frecuencia, que tiene la característica de poder viajar largas distancias. Justamen­te, esas son las ondas que detec­tan las estaciones”, detalla.
“Al ser la Tierra redonda y debido al largo recorrido de estas ondas, una misma señal puede ser captada por distintas estacio­nes –describe la geofísica- y eso a nosotros nos sirve porque, cuanta mayor redundancia de datos haya, menor margen de error”.
Además, al pertenecer a una red internacional, estas estaciones recaban datos homo­géneos y de calidad similar, lo que permite confeccionar mapas con mayor aproximación y detalle que los anteriores, que se realizaban a partir de datos obtenidos por un observador meteorológico.
Con los datos recaba­dos hasta el momento, Nicora confeccionó un mapa general de niveles ceraúnicos para el período 2005-2011 y cuatro estacionales. Al respecto la geofísica comenta que “las mayores cantidades de rayos se registran en la época de verano y primavera en tres grandes focos: la región mesopotámica; la zona central, San Luís y Córdoba; y en Tucumán y Salta”.
Por otra parte, “en invierno casi no hay rayos, tanto en la patagonia como en la puna. Por ejemplo, en Tucumán y Salta la probabilidad de rayos desciende casi a cero, es muy baja. Mientras que la zona central del país tiene alta densidad de rayos”, afirma.
Con respecto a la zona patagónica, Nicora asegura que en épocas pasadas la actividad ceraúnica era muy baja y se está acrecentando. “Especialmente, en toda la zona costera se puede apreciar claramente cómo cambia el nivel ceraúnico por la latitud. Teóricamente, más allá de cierta latitud, no se espera que haya acti­vidad porque no hay nubes convec­tivas, que tienen más que ver con el clima subtropical. Por ejemplo, en la Antartida no hay rayos. Pero ya se empieza a ver actividad en latitudes muy altas, por ejemplo en Río Gallegos, que era algo que no se daba. Pero para sacar conclu­siones sobre estos fenómenos hay que realizar mediciones durante 10 años”.
¿Y a qué pueden deberse esos cambios? “Hay ciertos facto­res meteorológicos que hacen que estén cambiando las circulaciones generales de la atmósfera. Estas se van más hacia el polo. O sea, zonas de convección que estaban antes a los 60º se están corriendo unos pocos grados. Es un cambio muy sutil pero que produce varia­ciones”, responde Nicora.
El ingeniero Arcioni, que estuvo trabajando muchos años en la zona patagónica, suma otro argumento. Para él, el aumento en la actividad ceraúnica “se debe a los embalses de las centrales hidroeléctricas. En todas esas zonas se agregaron espejos de agua. Donde antes había piedra ahora hay agua y el agua ioniza el aire. Es un principio básico de la física. Entonces, yo lo atribuyo a la obra del hombre. Antes casi no había actividad: caía un rayo por kilómetro cuadrado en un año. Ahora caen cinco”.
Para planificar y prevenir
“El rayo, además de ser natural y necesario porque completa un circuito eléctrico atmosférico, produce una destrucción muy grande”, aseguró la geofísica Nicora. “Las pérdidas materiales son muy importantes. Y esto es algo fundamental a tener en cuenta cuando se planean cosas como la radarización del país, la instalación de las líneas de electricidad y mu­chas otras cuestiones de planifica­ción que se refieren a la seguridad nacional. Y es importante dar un ‘marco de seguridad’ teniendo en cuenta estos datos”.
De izq a derecha: El ingeniero Juan Carlos Arcioni, pionero en el trazado de mapas ceraúnicos en el país, el ingeniero Jorge Giménez y la geofísica Gabriela Nicora.
De izq a derecha: El ingeniero Juan Carlos Arcioni, pionero en el trazado de mapas ceraúnicos en el país,
el ingeniero Jorge Giménez y la geofísica Gabriela Nicora.
Ese marco de seguridad al que la geofísica se refiere co­mienza, ni más ni menos, que con un mapa ceraúnico. El ingeniero Giménez, también coincide en este aspecto, ya que “todo proyecto de protección contra el rayo comienza a ser serio cuando se tiene un mapa serio. Este permite conocer y saber qué es lo que hay que hacer en cada zona”.
Para ahondar más en la cuestión, el ingeniero Giménez, citó como ejemplo el proceso de radarización que está llevando adelante el país, el cual implica un costo muy elevado. “Por diversas razones, en el norte argentino, principalmente en el litoral, se van a instalar muchos radares. Si uno observa en los mapas ceraúnicos, en esas zonas la probabilidad de caída de rayos por año y por kilómetro cuadrado son las más intensas. Entonces, si se colocan radares sin tenerlo en cuenta, sin utilizar las protecciones adecua­das, estos equipos se podrían ver seriamente afectados por caídas de rayos a tierra. Y, en caso de que se averíen y salgan de servicio, tienen un costo de reparación altísimo, aparte de poner en riesgo otras cuestiones de seguridad y defen­sa”.
Con este ejemplo, Giménez deja en claro porqué en Argentina a la meteorología se le debería dar mayor importancia, al igual que se la concibe en otras partes del mundo. “En otros países, por ejemplo en Estados Unidos, los mapas de este tipo son financiados por el Departamento de Comercio”.
Al respecto Nicora agrega que en Argentina “hay lugares que, con muy poca distancia, el riesgo de que caiga o no un rayo cambia mucho. Son lugares que, por ejemplo, están a una distancia de 200 kilómetros, y muchas veces la decisión de instalar un radar se toma sin tener en cuenta paráme­tros meteorológicos”.
Para finalizar, los especia­listas también destacaron la impor­tancia del conocimiento de la varia­ción temporal de los parámetros del rayo, lo que influye en el diseño, el mantenimiento y la operación de los sistemas de protección. Si un diseño de protección contra rayos se realiza, por ejemplo, para un año determinado, es posible que unos años más tarde este mismo diseño pueda estar técnicamente sub o sobre dimensionado. Enton­ces, al conocerse el comportamien­to anual de una zona determinada, es posible ir ajustando la protección y evitar fallas técni­cas en el futuro.§
Pararrayos: ¿Sí?, ¿No?, ¿Dónde?, ¿Cómo?
Los pararrayos instalados en los edificios cumplen la función de interceptar los rayos desde las nubes tormentosas hacia el edificio, conduciendo las corrientes eléctricas desde los captores aéreos, pasando por las ba­jadas, hasta llegar al sistema de puesta a tierra de la estructura. Así, este sistema logra dispersar esas corrientes en el suelo.
Sin embargo, el ingeniero Juan Carlos Arcioni comenta que “generalmente ponemos cuatro, cinco o diez pararrayos creyendo que vamos a obligar al rayo a caer ahí. Pero, estamos insta­lando protecciones sin saber, en realidad, qué riesgo conllevan o sin tener en cuenta si crean condiciones para que el rayo caiga donde ellas no están. Eso se estudia aplicando la ingenie­ría, pero después aparece el problema de los costos porque el gasto para hacer protección es muy grande. Y, lamentablemente, se termina no haciendo nada”.
Según Arcioni, “actualmente, el 95% de los problemas son de tipo electromagnético”. Cuando no se tienen las protecciones apropia­das, las ondas electromagnéticas generadas por los rayos intervienen en las instalaciones eléctri­cas, quemando televisores, equipos electrónicos y todo lo que encuentran a su paso, incluso salas de terapia intensiva. En casi todos los casos, los rayos se conducen a tierra a través del hormi­gón armando y terminan quemando todos los electrodomésticos y toda la instalación eléctrica del edificio si se omitió la instalación de los aparatos de protección interna (descargadores, etc.). Incluso, hay casos trágicos de, por ejemplo, personas que levantan el tubo telefónico justo en el momento en que entra una sobretensión, lo que les produce la muerte. “Hay que tener en cuenta que cuando se produce la ionización del aire todo se vuelve conductor, hasta los cables que están aislados”, asegura Arcioni.Pararrayos
De esta manera, los especialistas afir­man que se necesita un profesional capacitado para diseñar e instalar los pararrayos, los cuales deben colocarse de acuerdo a las normas esta­blecidas, cumpliendo con las leyes de la física y la electromagnética, y, sobre todo, haciendo los mantenimientos correspondientes.
Según Nicora, “lo más importante del pararrayos es su ubicación en el edificio o estructura y la puesta a tierra porque en algún lugar tiene que descargar su energía eléctrica. Si el pararrayo no tiene buena puesta a tierra, el rayo va ahí pero en algún lado tiene que descargar y por eso, termina quemando todos los equipos eléctri­cos de un edificio. Hay buenas maneras de conducir, pero a la vez hay que chequear esas protecciones. En algunos casos, no se puede dejar el pararrayos tal cual como cuando se construyó el edificio. Es necesa­rio hacer inspeccio­nes visuales e inspecciones completas en forma periódica: cada uno o dos años”.



Publicada en Mi club tecnológico.

Nota recomendada: INVESTIGADORES ROSARINOS CREAN UNA HERRAMIENTA PARA MEJORAR LA CONSERVACIÓN DE ÓRGANOS


Es un equipo que registra la “historia térmica” de las muestras durante el congelamiento y descongelamiento.


7540 personas se encuentran actualmente registradas en lista de espera del INCUCAI, rogando a que aparezca un órgano para poder seguir viviendo. Y en ellas se abre ahora una nueva esperanza, ya que especialistas del Centro Binacional (Argentina-Italia) de Investigaciones en Criobiología Clínica y Aplicada (CAIC), de Rosario, han logrado desarrollar un dispositivo que registra los cambios de temperatura de las muestras, lo que podría mejorar la conservación de órganos para trasplante.
Luego de que la persona muere y los médicos determinan cuáles son los órganos y/o tejidos aptos para trasplante, estos son sometidos a un proceso de congelamiento y descongelamiento ultrarrápido o “vitrificación”, donde un tejido o célula es enfriado en segundos desde la temperatura ambiente a -196 grados centígrados.
Justamente, el equipo desarrollado en el CAIC registra la “historia térmica” durante este proceso, donde los cambios de temperatura pueden darse a una velocidad aproximada de 100.000ºC por minuto. De esta manera, es posible determinar paso a paso los fenómenos físicos y químicos que se suceden en las diferentes fases, así como monitorear el fenómeno de descongelamiento.
Los datos de temperatura, registrados mediante un sensor, son almacenados en un osciloscopio (instrumento de medición electrónico) y procesados por un software en una notebook.
Según sus creadores, además de su posible futura utilización clínica para mejorar la conservación de células, órganos y tejidos, el nuevo dispositivo podría ayudar a interpretar fenómenos que ocurren en modelos experimentales.

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